Diario de rodaje

Por Jorge Arenillas

PRIMERA SEMANA (8-14 AGOSTO 2011)

Hay dos clases de directores de cine: los que encuentran tiempo a diario durante el rodaje para actualizar un blog, y los que no. Yo, claramente, soy de los segundos.

Hemos completado la primera semana de rodaje de Otro verano. Eso significa que tenemos el 25% de la película enlatada, o mejor dicho, en el disco duro. Respecto a esto, he apreciado una pequeña ironía: cuando se rueda en celuloide, la producción siempre está preocupada por el consumo de negativo. En alta definición no existe ese problema pero, por las características de nuestra microproducción, hay que estar vigilantes con el espacio de almacenaje de datos. Todo cambia para seguir igual…

El espacio físico ha sido, también, otra de las preocupaciones de esta semana. Hemos invadido la localización buscando huecos en la casa para maquillaje, vestuario, cámara, iluminación, decoración, sonido, producción e incluso montaje. Milagrosamente, los hemos encontrado. El catering se sirve en la parte sin césped del jardín, a la sombra de los árboles; el desayuno y el bocadillo lo tomamos en la misma cocina de la casa. El agua y las bebidas los cogemos directamente de la nevera de esta.

Esta semana han debutado los tres actores principales, Pablo Chiapella, Verónica Perona y Ángela Villar. De los tres, Chape es el único que viene todos los días, disfrutando visiblemente con su cambio de registro (y aspecto físico) con respecto a La que se avecina. Hemos tenido también la visita de Enrique Urbizu para interpretar el papel de un inquietante jardinero. Este era el debut de Enrique en la interpretación, que ha bordado; y sabiendo de su timidez, le agradezco doblemente que aceptara.

Problemas que hemos sufrido esta semana: Agus, jefe de producción, no pudo venir el primer día por un esguince de tobillo, lo que obligó a Carlos, ayudante de dirección, a ser ubicuo en el rodaje, lo que casi acaba con él; el cuadro de luces de la casa, poco preparado para la potencia de nuestros focos, saltó a menudo durante los primeros días; Chape sufrió una amigdalitis aguda que nos empujó a cambiar a última hora las secuencias del viernes por otras con menos diálogo, hasta que los antibióticos hicieran efecto en su garganta; y cómo no, el clásico de la historia del audiovisual: el sol se mueve y, tarde o temprano, acaba por ponerse.

Atribuimos los ruidosos helicópteros que cruzan el espacio aéreo e interrumpen nuestras tomas a la próxima visita del Papa. En realidad, culpamos al Papa de todo lo malo que nos pasa.

En cuanto a mí, estoy durmiendo bien en general, ayudado por las pastillas Dormax, que huelen fatal y en realidad no sirven para nada, pero tienen un efecto placebo en mi cerebro. Como he dicho, vivo en la casa de la película y duermo en la cama del protagonista. Es un momento extraño el final de cada día, cuando todo el equipo se marcha y me quedo solo aquí, al anochecer. Resulta una forma estupenda de entender lo que siente el prota y de encontrar imágenes que incorporar a nuestra película, pero a la vez puede resultar algo enloquecedor: ¡llevo una semana sin salir de esta casa! Anoche volví a enchufar la televisión (que los chicos de arte habían retirado del salón por exigencias del guión) porque mi cerebro necesitaba un poco de papilla audiovisual para desconectar de Otro verano.

Como productor ejecutivo de una película tan bizarramente minúscula, sufro por cómo repercuten nuestras carencias en el día a día del equipo. Pero todos lo han tomado con humor y hacen el mejor trabajo posible con estos medios, lo que les agradezco de corazón. Como director, tengo poco margen de error: nunca nos sobra tiempo para hacer un plano que no sepa a ciencia cierta que voy a montar. Sin embargo, con el formato panorámico a menudo descubro que lo que pensaba contar en tres planos se puede hacer en uno. Y ese plano suele tener un aspecto impecable gracias a la fotografía de Jorge (o al menos esa es la impresión ¿ecuánime? de Cris, la montadora, que se incorporó al trabajo el jueves).

Este será un fin de semana corto, pues empezamos a las 00:00 h. del lunes, es decir, esta misma noche. Durante las tres próximas jornadas rodamos de noche; el miércoles descansamos para volver a cambiar a día a partir del jueves. Me he prometido a mí mismo que ese miércoles saldré unas horas de la casa para ir al pueblo cercano, a ver la peli más idiota que pueda encontrar en los cines. Pero hoy me dedicaré a pensar en las próximas secuencias que tenemos que rodar: no quiero bajar la guardia porque la primera película solo la haces una vez en la vida, y la tienes que disfrutar. Es una obviedad, sí, pero conviene recordártela a ti mismo de vez en cuando.

SEGUNDA SEMANA (15-21 AGOSTO 2011)

Hemos llegado al ecuador del rodaje con (casi) la mitad de la película completada. Qué sensación esta, qué extraña la percepción del tiempo: sin papeles delante no sabría decir cuánto llevamos aquí rodando y, sin embargo, va tan deprisa como una montaña rusa.

La semana ha sido dura porque el fin de semana previo no hubo tiempo para recuperarnos del cansancio de la primera, y porque las jornadas nocturnas agotan y descolocan siempre. El cambio de horarios y el calor me han hecho dormir peor estos días, y sé que no he sido el único. Sin embargo, en esas tres primeras noches hemos rodado planos magníficos. Nos hemos esforzado por no soliviantar a los vecinos de las casas contiguas con nuestro ruido durante esas noches, pues sabemos que tarde o temprano tendremos que pedirles favores del tipo “¿le importaría no cortar el césped mientras rodamos?” o “¿nos haría el favor de cambiar su coche de sitio?”, y no queremos que, llegado el caso, nos manden a tomar por culo.

En esas noches ha habido que apagar más de una vez el riego automático, lo que anula el ciclo completo para el resto del día, de manera que parte del césped ha virado ligeramente al amarillo. Nada grave, pero el raccord siempre es una preocupación cuando estás haciendo una película. La depuradora de la piscina o la nevera también se apagan a veces durante una toma por sonido y, si en la vorágine del rodaje olvidas volver a conectar alguna de ellas, las consecuencias pueden ser nefastas a medio plazo.

Además, ha habido problemas con el agua caliente, quizá porque los cortes de luz de los primeros días afectaron a la caldera. Por nuestros horarios, no he conseguido que viniera un técnico a revisarla hasta el viernes, así que me he dado duchas frías durante prácticamente toda la semana. Entre eso y el estrés, tengo la libido bien aparcada. Para colmo, todas las lavanderías de Boadilla parecen estar cerradas por vacaciones. Tengo que hacer la colada de alguna forma durante la próxima semana o corro el peligro de acabar repitiendo calzoncillos usados, lo que siempre mina un poco tu autoestima como director.

El jueves rodamos en la única localización ajena a la casa, un supermercado. El auxiliar de producción Raúl Azofra y la script Lourdes Navarro interpretaron a un reponedor y a una cajera. Sería exagerado decir que robaron sus escenas, pero sí estuvieron a la altura de ellas y a mí, personalmente, me arrancaron una sonrisa. Gracias a ambos. Volveremos al súper para rodar otra secuencia en algún momento de las dos próximas semanas. Entre los clientes que tuvieron que esperar por nuestro rodaje se encontraba Melendi, que se ha puesto demasiado cachas: no sé por qué les ha dado últimamente a todos los baladistas por el body-building, pero yo prefiero al Bustamante trofollo.

No he hablado todavía del tubelling, nuestra versión low-cost del travelling de toda la vida. Consiste en dos tubos de PVC (de plástico, vamos) de tres metros de longitud, sobre los que se coloca un tablón de madera con pequeñas ruedas acopladas. Su aspecto resulta cómico, pero el resultado es genial. Nuestro operador Curro Tardío refunfuña por las limitaciones del invento, aunque al final admite que los planos que logramos con él son casi siempre estupendos. Claro que no lo haríamos sin el buen pulso de Curro con la cámara, todo hay que decirlo.

La de mañana lunes será una jornada intensa, pues tenemos que rematar varias secuencias con Chape antes de que cambie su aspecto físico para el resto del rodaje. Por suerte, la semana que empieza volvemos a tener un horario diurno estable, lo que siempre resulta más llevadero. Y por mi parte, encuentro fascinante pensar que dentro de dos semanas habremos completado el rodaje de Otro verano.

TERCERA SEMANA (22-28 AGOSTO 2011)

Cuando ruedas una película en una localización (casi) única, te asaltan dudas sobre cómo debes plantear una escena en un espacio que ya ha sido presentado y utilizado antes en la historia. Eso ha ocurrido esta semana: por la estructura circular del relato, hemos rodado secuencias que parecía que ya habíamos rodado antes. Mi duda era si repetir milimétricamente los planos para subrayar los paralelismos o buscar el interés de cada escena y planificarla con ese enfoque. He optado por lo segundo.

El lunes fue el último día de Chape antes de afeitarse y cortarse el pelo para el resto del rodaje. La jornada se complicó más de lo previsto y hubo que sacrificar un par de planos, ninguno de ellos, por suerte, fundamental para la historia. El cambio de aspecto físico conlleva además un cambio de actitud, así que para Chape es casi una película nueva. Y en esa película tiene mucho que decir el personaje de Sara, interpretado por Ángela Villar.

El jueves volvimos al supermercado de la semana anterior y completamos la única escena en la que coinciden los tres personajes principales. El viernes rodamos una partida de ping-pong de ¡seis páginas de guión!, que será la pesadilla recurrente de Cristina, la montadora, de aquí a finales de año. El sábado trajimos media docena de peces que no actuaron tan brillantemente como yo hubiera querido, pero cumplieron su función. Al acabar la jornada devoramos una barbacoa promovida por Lício, nuestro técnico de sonido, en la que todos acabamos en la piscina, voluntariamente o no.

Con el formato panorámico, a menudo comprendo que no necesito un plano corto para resolver según qué escena: me gusta que sea el ojo del espectador el que tenga que buscar el interés del momento por la pantalla, como hago yo en el monitor. Pero existe el peligro de que se te escapen cosas en un plano: un auxiliar de cámara reflejado en un cristal, un micro que entra un instante y desaparece, un atrezzo de otra secuencia olvidado en el lugar equivocado… El 2.35 es una apuesta que tiene sus riesgos; personalmente, creo que el resultado los vale.

De momento, la climatología nos ha respetado (las dos tormentas gordas del verano han ocurrido en noches de domingo que no rodábamos), pero las temperaturas empiezan a descender y, para la próxima semana, la primera de septiembre, se anuncian algunos chubascos. Dado lo apretado de nuestro plan de rodaje, tenemos poco margen de error. Pero no estoy preocupado. En palabras de Mel Gibson, en el libro La mirada del director: “Las presiones económicas o de tiempo te obligan a tomar decisiones frenéticas y haces cosas totalmente increíbles, como rodar bajo la lluvia; y de pronto queda maravilloso. Eso lo aprendí de George Miller: rueda pase lo que pase”. Y además, que conste que www.eltiempo.es no siempre acierta.

Una última observación: me paso el día hablando, explicándome, contestando preguntas, azuzando, gritando “¡acción!” y “¡corta!”; y el resultado es que empieza a asquearme el sonido de mi propia voz. Lo que más disfruto del domingo es estar doce horas callado. Este trabajo es de locos.

CUARTA SEMANA (29 AGOSTO-3 SEPTIEMBRE 2011)

Se acabó. Escribo estas líneas desde mi piso de Madrid, en el cuarto donde hemos instalado la sala de edición, y donde Cris Rosselló y yo daremos un millón de vueltas a esta película durante las próximas semanas. Pero el rodaje terminó el pasado sábado 3 de septiembre sobre las nueve de la noche.

La cuarta semana tuvo un horario peculiar, de cinco de la tarde a tres de la mañana. Tres de esas medias noches las dedicamos a una escena climática de la película, para la que Chape y Ángela se emplearon a fondo. También demostraron su compromiso en otra escena en la que tenían que meterse en la piscina de noche, justo en la semana en que las temperaturas empezaron a caer. Me hubiera encantado tener dos cámaras para minimizar su sufrimiento, aunque ninguno de los dos se quejó por tener que volver a meterse en el agua gélida para otro plano, y les estoy muy agradecido por ello.

Tuvimos una buena ración de cielos grises durante los últimos días de rodaje, lo que dificultó el raccord y me obligó a renunciar a algún plano. Aún así, considero que hemos sido muy afortunados con el clima en esta película. Una semana de lluvias nos hubiera jodido vivos, y eso no ha ocurrido. La última tarde incluso se abrieron las nubes durante unos minutos para rodar un plano en el que necesitábamos sol.

Encaro la postproducción con el convencimiento de que tenemos un material estupendo para trabajar. Voy a lanzar un órdago, va: hemos logrado que nuestra humilde microproducción no tenga nada que envidiar al aspecto de una producción media española. Así de buenos somos. La potencia visual de esta película tengo que agradecérsela a Jorge Carrión, que ha hecho mucho con muy poco. Estoy deseando sentarme a su lado para verle etalonar: se nos va a caer la baba con los planos que tenemos.

Sentí vértigo a la hora de dar por bueno el último plano del rodaje, un simple inserto de unos cepillos de dientes dentro de un vaso. Después me sobrevino una sensación de agotamiento físico y de vacío que no ha desaparecido del todo cuarenta y ocho horas después. Enrique Urbizu me aconseja que entre en el montaje sin solución de continuidad, pues sabe por experiencia que no seré capaz de desconectar por mucho que lo intente; pero quiero dar unos días de margen a Cris para que termine su premontaje. Voy a tomarme unas someras vacaciones en Albacete (donde presentaremos la película en rueda de prensa en el próximo festival de cine, en octubre) antes de encarar el tramo final de Otro verano.

He acabado el rodaje de mi primera película como director y la sensación no es muy distinta a cuando terminaba el rodaje de otra en la que hubiera trabajado como técnico. He pensado en ello. Creo que se debe a que las películas son un trabajo de equipo, y la euforia de lograr algo les pertenece a todos los miembros de ese equipo. Yo siento que hay algo mío en La caja 507 aunque sólo llevara el combo, y espero que los auxiliares de producción o de cámara sientan lo mismo con Otro verano. Espero que sientan orgullosos de lo que hemos hecho. Tenemos derecho a estarlo.

(Fotos: Elena Morgado)

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