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Vídeo: Rodando “Otro Verano”


Doblaje

Comprendo muy bien por qué la gente arquea una ceja cuando les cuento que hemos doblado algunas escenas de Otro verano. Son muchos años viendo esas películas de Mariano Ozores rodadas sin sonido directo, en las que la desincronía era tal que la voz de Florinda Chico continuaba escuchándose después de que esta hubiera dejado de mover los labios, y las líneas de Antonio Ozores a duras penas encajaban con lo que había interpretado previamente (aunque, para ser justos, dice la leyenda que inventó su particular balbuceo cómico porque a menudo no tenía ningún texto que recitar en el rodaje).

Otra presunción que hacemos todos es que el doblaje se lleva a cabo porque el sonido directo es malo: eso también es culpa de ciertas películas ochenteras en las que parecía que alguien estuviera restregando el micrófono contra el gotelé de la pared. Ese temor (justificado) a los doblajes en el cine español se va perdiendo poco a poco, y hoy en día son impecables e imperceptibles. Nuestro sonido directo también es excelente, pero ni el mejor técnico puede evitar que veinte cámaras frigoríficas de supermercado enturbien los diálogos de los personajes, de ahí la necesidad de repetir algunos en el estudio.

Y no es fácil para un actor volver a meterse en el personaje siete meses después del rodaje, pero los tres protagonistas de la película (más un par de secundarios) lo han logrado sin aparente esfuerzo, replicando el tono de voz exacto de la toma original u ofreciendo otra alternativa válida si era lo que se pedía. Reto a los futuros espectadores de Otro verano a señalar qué frases han sido dobladas en estudio: seguro que no son capaces de adivinarlo (la secuencia del supermercado no cuenta porque ya la he mencionado antes y, demonios, sale en la foto de abajo).

Quedan cuatro semanas de edición de sonido en Sondelux. El 22 de mayo entraremos en Soon in Madrid para hacer la mezcla final durante cuatro días. Ahora la pelota está en el tejado de nuestro montador de sonido Ramón Rico.

Jorge Arenillas


Elliott Murphy en la banda sonora de “Otro verano”

Tres canciones del rockero norteamericano Elliott Murphy, Jet-Lag, Crepuscule y Summer house (esta última en una nueva versión grabada expresamente para la película) formarán parte de la banda sonora de Otro verano.

Murphy nació en Long Island (Nueva York) en 1949. En sus cuatro décadas de carrera ha publicado más de una treintena de elepés, desde el iniciático Aquashow (1973) hasta el homónimo Elliott Murphy (2011). Cada año da un centenar de conciertos memorables, como certificará cualquiera que haya asistido a uno de ellos. Vive en París desde 1990.

Elliott Murphy es uno de mis artistas favoritos. Contar con su música para Otro verano es un lujo que solo nos podemos permitir por la gentileza y la comprensión que ha mostrado desde que le abordamos por primera vez. Supongo que el que le haya gustado la película también ayuda… Sea como sea, es un sueño hecho realidad, y ese es precisamente el espíritu de todo este proyecto. ¡Gracias Elliott!


“¿Cómo va la película?”: una actualización de la postproducción de “Otro verano”

Respuesta corta: Bien. Pero si queréis os la desarrollo un poco más porque, ya sabéis, las cosas nunca son blancas o negras…

Hace un par de meses se dañó el disco duro en el que estaba almacenada la película entera. En principio pareció un simple fallo mecánico, pero en la empresa de recuperación de datos lo consideraron irrecuperable (qué paradoja).

Estupor.

Y sí, había backup del material: salvo que en esa copia de seguridad faltaban catorce planos que nadie supo jamás dónde habían ido a parar.

Pánico nuclear.

De los catorce planos extraviados, trece se recuperaron, sin pérdida de calidad aparente, del ordenador portátil donde Jorge Carrión estaba etalonando la película. Del décimo cuarto tenemos la mitad: justo la parte del plano que enviamos a Álvaro Martínez para que borrara un saco de cámara que no debía estar en el encuadre. De manera que hemos perdido unos cinco segundos de película. Considerando la magnitud de la posible tragedia, la sensación fue la de haber esquivado una bala en plan Matrix.

Ese ha sido el drama más interesante de todos, el que ha retrasado algunas semanas nuestro calendario de postproducción. Paso a lo bueno.

La banda sonora ya está grabada y suena de puta madre. Raúl Galván la registró en su estudio Tiramillas a principios de marzo con la colaboración de un excelente cuarteto de cuerda valenciano. Es emocionante constatar cómo la música eleva ciertas escenas, y eso que aún no está correctamente mezclada. Del montaje de sonido se encarga Ramón Rico en su estudio Sondelux; a primeros de mayo remataremos la mezcla en Soon In Madrid, antiguo Cinearte, que nos ha ofrecido unas condiciones muy ventajosas para adaptarse a la naturaleza “especial” de este proyecto.

Por cierto, no lo he dicho, pero el etalonaje de Jorge Carrión es fantástico. Ver la película con la corrección de color es toda una experiencia después de meses de dominante verde en el montaje.

Es un momento extraño para mí porque ya no está en mi mano que las cosas sucedan antes o después. En este momento soy más un coordinador de producción que un director; pero respiro tranquilo porque sé que hay mucho talento al servicio de esta postproducción. Otro verano no estará acabada hasta mediados de mayo, pero creo que ha llegado el momento de que distribuidores y televisiones sepan qué película tenemos entre manos.

Jorge Arenillas


Artículo en Cinemanía

La página web de la revista Cinemanía ha publicado el artículo La aventura de la autoproducción en España, en el que cuento en primera persona la experiencia de rodar Otro verano. Nuestro agradecimiento a Manu Piñón por su interés.

El artículo es una versión algo extractada de este que reproduzco a continuación:

CÓMO HACER CINE INDIE ESPAÑOL

La década de los noventa fue un tiempo perfecto para ser un adolescente que aspirara a dirigir películas. Por primera vez, el cine español nos hablaba en un lenguaje que comprendíamos, gracias a una evidente renovación generacional en la profesión. Todo por la pasta, Acción mutante, Todo es mentira, La ardilla roja, La madre muerta, Salto al vacío, El día de la bestia, Tesis, Familia, Airbag, Abre los ojos, Torrente, el brazo tonto de la ley… Cada nuevo cineasta que lograba conectar con el público nos lo tomábamos como otra victoria sobre el cine anquilosado de la vieja guardia. La sensación de posibilidades era infinita: parecía que sólo hacía falta coger número para que llegara tu oportunidad de debutar y deslumbrar.

El espejismo de bonanza desapareció con el nuevo milenio, y una película hizo de bisagra entre los tiempos: El corazón del guerrero, de Daniel Monzón, estrenada precisamente en enero de 2000, fue un fracaso en taquilla que hizo que muchos productores se replantearan su estrategia hacia los cineastas noveles. Tampoco hubo margen de error para algunos de los que ya habían debutado, y hoy andan perdidos en el marasmo de las series y telefilmes; expiando sus fallidos proyectos personales con películas de encargo, o directamente en el exilio.

Y mientras tanto, el panorama se oscurecía para todos los que veníamos detrás. Un síntoma de lo que estaba pasando era que los nuevos directores ya no debutaban en mitad de la veintena, sino bien entrada la treintena (Monzón fue de nuevo el reflejo del cambio: debutó con treinta recién cumplidos, lo que en su momento pareció tardío en comparación con sus coetáneos). La piratería primero y la recesión económica después devolvieron al cine español a su estado comatoso original. El embudo se hizo cada vez más pequeño y los delirios de grandeza de los futuros cineastas se dieron de bruces con la realidad.

En mi caso particular, ocupé la veintena trabajando como auxiliar de dirección, asistente de vídeo o realizador de making of (con una sola efe, por favor) en los proyectos de otros. También dirigí unos cuantos cortos y escribí varios guiones, alguno de los cuales llegó a rodarse. En términos generales debía considerarme afortunado, pero me sentía impotente por no ver aproximarse la meta que me había marcado, dirigir mi primera película.

Un día me desperté particularmente belicoso y me enfadé conmigo mismo por permitir que otros decidieran si podía o no hacer cine. ¿Dependía del directivo de una televisión o del jefe de desarrollo de proyectos de una productora el que yo cogiera una cámara y empezara a filmar? Por supuesto que no. La constatación de la inoperancia de este sistema burocrático en el que había confiado durante años fue, no obstante, un alivio para mí: como el náufrago que comprende por fin que nadie va a venir a rescatarlo y que todo lo que le ocurra dependerá de él, yo vi claro que no tenía sentido seguir esperando al mecenas que viera el talento oculto detrás del blanco de mis ojos. Tenía que ponerme en marcha.

Recordé una frase que Robert Rodríguez escribió en su libro Rebelde sin pasta (sobre el rodaje de su primer largo El mariachi): “Trabaja con lo que tengas”. Es una obviedad, pero resulta asombrosa la frecuencia con la que la gente lo olvida y se enreda en proyectos que les vienen grandes. Yo tenía a mi disposición una localización cinematográfica, un chalet con un frondoso jardín a las afueras de Madrid, y veía a mi alrededor mucho potencial humano malgastado en proyectos alimenticios de los que destruyen vocaciones, así que no me costó motivar a la gente con uno tan romántico como el mío. Esbocé un argumento en un par de folios y le propuse a un amigo de toda la vida que escribiéramos juntos un largometraje. Él, ingeniero de profesión, carecía de prejuicios sobre el modo correcto de hacer las cosas, así que resultaba perfecto para un trabajo kamikaze como éste.

El título del guión era Otro verano y transcurría, lógicamente, en verano. La concreción temporal resultó ser una ventaja porque nos obligaba a ponernos unos plazos y cumplirlos; de otro modo, podría haber acabado rodando esta película en 2014, ya que siempre sobran excusas para otro aplazamiento. Decidimos rodar durante cuatro semanas de agosto. Casi toda la historia transcurría en esa única localización y con tres personajes. Calculé que el presupuesto rondaría los 30.000 euros (finalmente serían 40.000). Ni se me pasó por la cabeza enfangar este guión en los procesos de financiación tradicionales: todo el dinero saldría de mi bolsillo y de los de prestamistas ventajosos como mis seres queridos.

Una falta de opciones es una elección. Rodar en celuloide no era viable, así que elegimos el vídeo de alta definición por eliminación. Yo estaba obcecado en utilizar lentes anamórficas para lograr un formato panorámico con el que componer los planos que veía en mi cabeza, pero incluso esos objetivos se salían de nuestro presupuesto. Alguien nos habló de una cámara semi-olvidada, Thomson Viper Filmstream (la Viper para los amigos), a la que la mucho más publicitada Red One había barrido del mercado digital. Pero David Fincher y Michael Mann habían rodado películas con ella y, de forma fascinante, convertía la señal registrada en panorámica sin necesidad de lentes anamórficas. Parecía perfecta. Contactamos con Gábor Bene, un ex-director de fotografía húngaro que se había quedado ciego y alquilaba cámaras digitales. Viajamos hasta Barcelona para probar la Viper; Gábor empatizó con nuestra aventura y nos alquiló el equipo con unas condiciones muy ventajosas. Ya teníamos cámara.

El 8 de agosto empezamos a rodar. El equipo había crecido hasta las veintidós personas, incluyendo a los tres actores protagonistas: la gran mayoría de ellas renunciaron a su sueldo por un porcentaje de los hipotéticos beneficios de la película. No teníamos grupo electrógeno, los focos se enchufaban directamente en la casa, cuyo cuadro eléctrico sesentero, nada preparado para la potencia de un rodaje, nos dejaba a oscuras varias veces al día. Los auxiliares de producción hacían los sandwiches para el almuerzo, y las bebidas se enfriaban en la misma nevera de la cocina. Fabricamos un travelling doméstico con dos tubos de PVC (de plástico, vaya) de tres metros de longitud sobre los que colocamos una tabla de madera con ruedas, y lo bautizamos como tubelling.

Dejé mi piso de Madrid para vivir en la localización durante todo el rodaje. Fue un privilegio sumergirme en la película de esa forma. Cada noche, cuando todos se marchaban, antes de apagar las luces tenía que reconfigurar la estancia en mi cabeza (los muebles cambiaban de sitio a conveniencia de la producción) para no rompérmela cuando intentara llegar al baño de madrugada. En la casa dormía también todo el material de cámara, iluminación y sonido, y la idea de que alguien asaltara el chalet y lo robara me quitaba el sueño a menudo. Guardaba un atizador de chimenea al pie de la cama, preguntándome hasta dónde sería capaz de llegar por acabar esta película. Nunca tuve que averiguarlo.

Tuvimos mucha suerte con la climatología, que nos respetó hasta la cuarta semana, en la que algunos cielos nublados nos empujaron a suprimir un par de planos y modificar otros tantos. Aún con lo apretado de nuestro plan, nunca tuve la sensación de que faltara tiempo para contar esta historia; y a pesar de las penurias, no sentí que este rodaje fuera distinto en su espíritu a tantos otros en los que había trabajado. De hecho, a menudo me pregunto en qué coño se gasta la gente seis millones de euros: visto lo visto, con ese dinero yo me veo capaz de rodar Batman.

Escribo esto a finales de diciembre, con la película ya montada. El músico ha empezado a esbozar la banda sonora. En marzo de 2012 la mostraremos al mundo y estoy seguro de que encontraremos un distribuidor que la estrene como se merece. Incluso con lo mucho que confío en su potencial, en realidad no me preocupa cuánto guste a público y crítica: lo que más me satisface es que esta película existe porque yo me empeñé en que así fuera. Fue la determinación, y no el dinero, lo que sacó adelante Otro verano.

Jorge Arenillas


Así están las cosas

El montaje ha terminado. La película dura 85 minutos, lo que me encanta, porque soy un amante de las películas cortas; o mejor dicho, de las películas que duran lo que tienen que durar (no como las de robots pegándose que duran dos horas y media). Hay que tener respeto por el tiempo del espectador. A unos les gustará y a otros no, pero hemos hecho lo posible para que Otro verano no aburra a nadie.

Álvaro Martínez está trabajando en los efectos digitales (los visibles y los invisibles, como borrar todo aquello que no debería estar en el plano) y Raúl Galván está componiendo la banda sonora, que grabaremos en su estudio a principios de 2012. Jorge Carrión comenzará a etalonar en breve, aunque confieso que ya me he acostumbrado a ese dominante verde (característico de la cámara Viper) que hemos soportado durante todo el montaje. Será un shock volver a ver la película después de la corrección de color.

Otro verano debería estar acabada, si cumplimos unos plazos lógicos, a finales de febrero o principios de marzo.


La foto de la semana (18/11/11)

Un ejemplo de que lo más trabajoso de conseguir en el cine es siempre la naturalidad.

(Foto: Elena Morgado)


La foto de la semana (11/11/11)

Si en una microproducción no hay dinero para un travelling o una grúa, no digamos ya para un camara car. Y al fin y al cabo, tampoco necesitas más que un coche con maletero amplio y una cámara bien cinchada para conseguir media docena de buenos planos en carretera. Nótese la cuerda que cuelga de la puerta trasera para cerrar esta desde dentro si fuera necesario…

(Foto: Elena Morgado)


La foto de la semana (04/11/11)

Esta semana mostramos a nuestro abnegado técnico de sonido, Lício Marcos de Oliveira, antes de emprender un viaje por carretera (de quince minutos de ida y quince de vuelta) en el maletero del coche de nuestros protagonistas. ¡Y solo para captar ambientes en una secuencia sin diálogos relevantes!

Por suerte no nos cruzamos con ningún control antiterrorista de la Guardia Civil: su cara al abrir el maletero hubiera sido un poema.


Primer trailer

Esta semana no hay foto, sino algo mejor: aquí tenéis el primer vistazo a Otro verano. Recordad que se reproduce por defecto a 360p, pero podéis cambiar la calidad de imagen para verlo en HD (hacedlo, no seáis tímidos). ¡Y no dejéis de decirnos lo que os ha parecido!

 


La foto de la semana (21/10/11)

Para rodar una película en cuatro semanas hay que trabajar duro. Pero en una localización tan agradecida como la de Otro verano, el equipo supo encontrar tiempo después de las comidas para echarse una siesta a la sombra de un árbol o echar una partida de futbolín… En definitiva, que tampoco fue como irse un año a Filipinas a rodar Apocalipsis Now.

(Foto: Elena Morgado)


La foto de la semana (14/10/11)

Cada viernes desde hoy mismo publicaremos una nueva imagen del rodaje de Otro verano. Comenzamos con un instructivo vistazo al tubelling, nuestra versión low-cost del travelling de toda la vida, que es exactamente lo que parece: una tabla de madera con ruedas adosadas que se desplaza sobre dos tubos de plástico de tres metros de longitud. Y funciona que te cagas (gracias, todo hay que decirlo, a los talentos conjuntos de Curro Tardío como operador y Rubén Hernández como maquinista).

(Foto: Elena Morgado)


En Abycine

(Foto: Carlos Martínez / El Día)

Varios amigos me piden (más bien me exigen) que actualice la información sobre la película en el blog y en las redes sociales. Tienen razón, claro, aunque es fácil imaginar qué está pasando en esta calma tras la tormenta: el montaje.

El premontaje que Cristina Rosselló realizó mientras rodábamos es una base magnífica sobre la que trabajar. De hecho, estamos sorprendidos por la velocidad con la que avanzamos, teniendo en cuenta además que Cris solo puede dedicarle las tardes a la película, pues invierte las mañanas en La hora de José Mota (que quizá no sea tan estimulante como Otro verano, al menos a mis ojos, pero paga sus facturas). También hemos montado un trailer corto que espero poder mostrar en unos días, cuando Raúl Galván componga la música para el mismo. Así todo el mundo podrá hacerse una idea de la pinta tan acojonante que tiene esta peli.

Este fin de semana me he escapado a Albacete para hacer una presentación de Otro verano en el marco del festival Abycine. La oportunidad que nos han brindado ha surgido por iniciativa de Pedro Mateo, el joven a la derecha de la foto que aparece como aterido por mis palabras. Gracias por todo, Pedro. Al encuentro, celebrado en el vestíbulo de la nueva estación de tren, asistimos los tres actores y yo. No puedo decir que me vea muy suelto hablando en público. El coguionista y el director de fotografía nos observaban cómodamente desde la barrera, mientras yo me preguntaba si no valdría la pena ir creándose una fama de agorafóbico tipo Terrence Malick, y dejar lo de la prensa para los que se ponen delante de la cámara…

El viernes asistimos a una gala de inauguración en la que Nacho Vegas y su banda pusieron música a imágenes de la filmografía de Mike Leigh; la idea me parece genial, aunque yo hubiera elegido a un cineasta más visual, pero admito que el binomio Vegas/Leigh casaba a la perfección. Como anécdota, me quedé con las ganas de fotografiar a Nacho Vegas y Fernando Alfaro apoyados en una farola y descojonados por algo, una imagen que hubiera hecho tambalearse su leyenda de circunspectos y malditos. El sábado por la noche fuimos al estreno de Diamond Flash, otra autoproducción digital en la que también interviene Ángela Villar y cuyo director se ha quedado con la cuenta corriente arrasada. Vamos, que todo me era familiar.

En definitiva, lo hemos pasado bien, hemos visto a muchos amigos, hemos salido en los periódicos locales, y ahora toca volver a encerrarse en el montaje y no salir de allí hasta que hayamos encontrado la película correcta. En unos días, el teaser trailer.

Jorge Arenillas


Cuarta y última semana

Se acabó. Escribo estas líneas desde mi piso de Madrid, en el cuarto donde hemos instalado la sala de edición, y donde Cris Rosselló y yo daremos un millón de vueltas a esta película durante las próximas semanas. Pero el rodaje terminó el pasado sábado 3 de septiembre sobre las nueve de la noche.

La cuarta semana tuvo un horario peculiar, de cinco de la tarde a tres de la mañana. Tres de esas medias noches las dedicamos a una escena climática de la película, para la que Chape y Ángela se emplearon a fondo. También demostraron su compromiso en otra escena en la que tenían que meterse en la piscina de noche, justo en la semana en que las temperaturas empezaron a caer. Me hubiera encantado tener dos cámaras para minimizar su sufrimiento, aunque ninguno de los dos se quejó por tener que volver a meterse en el agua gélida para otro plano, y les estoy muy agradecido por ello.

Tuvimos una buena ración de cielos grises durante los últimos días de rodaje, lo que dificultó el raccord y me obligó a renunciar a algún plano. Aún así, considero que hemos sido muy afortunados con el clima en esta película. Una semana de lluvias nos hubiera jodido vivos, y eso no ha ocurrido. La última tarde incluso se abrieron las nubes durante unos minutos para rodar un plano en el que necesitábamos sol.

Encaro la postproducción con el convencimiento de que tenemos un material estupendo para trabajar. Voy a lanzar un órdago, va: hemos logrado que nuestra humilde microproducción no tenga nada que envidiar al aspecto de una producción media española. Así de buenos somos. La potencia visual de esta película tengo que agradecérsela a Jorge Carrión, que ha hecho mucho con muy poco. Estoy deseando sentarme a su lado para verle etalonar: se nos va a caer la baba con los planos que tenemos.

Sentí vértigo a la hora de dar por bueno el último plano del rodaje, un simple inserto de unos cepillos de dientes dentro de un vaso. Después me sobrevino una sensación de agotamiento físico y de vacío que no ha desaparecido del todo cuarenta y ocho horas después. Enrique Urbizu me aconseja que entre en el montaje sin solución de continuidad, pues sabe por experiencia que no seré capaz de desconectar por mucho que lo intente; pero quiero dar unos días de margen a Cris para que termine su premontaje. Voy a tomarme unas someras vacaciones en Albacete (donde presentaremos la película en rueda de prensa en el próximo festival de cine, en octubre) antes de encarar el tramo final de Otro verano.

He acabado el rodaje de mi primera película como director y la sensación no es muy distinta a cuando terminaba el rodaje de otra en la que hubiera trabajado como técnico. He pensado en ello. Creo que se debe a que las películas son un trabajo de equipo, y la euforia de lograr algo les pertenece a todos los miembros de ese equipo. Yo siento que hay algo mío en La caja 507 aunque sólo llevara el combo, y espero que los auxiliares de producción o de cámara sientan lo mismo con Otro verano. Espero que sientan orgullosos de lo que hemos hecho. Tenemos derecho a estarlo.

(Fotos: Elena Morgado)


El rodaje visto por el guionista

Por Juan Manuel Cuerda

Me pide Jorge que escriba mis impresiones del rodaje de Otro Verano desde mi triple condición de guionista, auxiliar de producción y de neófito. Podría haberse ahorrado palabras, con la parte del novato es suficiente.

Trabajo en esta película a media jornada, por las mañanas soy ingeniero y por las tardes, auxiliar de producción. Las consecuencias inmediatas de esto es que me pierdo la mitad de la película y, a veces, el origen de los problemas con los que toca lidiar. A cambio puedo mantener un punto de vista más objetivo. Aprender a vivir entre mundos resulta recomendable, casi obligatorio, si uno aspira a contar buenas historias de modo que agradezco pasar las jornadas entre grupos bastante heterogéneos, diferentes pero con algo en común: ni los unos ni los otros entienden muy bien qué es lo que hago durante la otra mitad del día.

El de producción es el único departamento no artístico del rodaje y en éste, no sé si en todos, auxiliar de producción es un eufemismo eficaz que moderniza la figura del chico de los recados. Encuentro difícil imaginar a alguien con una genuina vocación de auxiliar de producción, pero eso no es raro: es como pensar en alguien con vocación de chófer, reponedor y empleado del hogar, todo a la vez. Puede ser cansado, aburrido y estar poco valorado, y a veces se pasa más tiempo en la carretera que en el set; pero conforme avanza el rodaje y las dinámicas se van asentando, uno se descubre felicitándose por lo bueno que ha salido el salchichón que estaba en oferta o lo hábil que ha sido apilando las botellas de agua. ¿Síndrome de Estocolmo? Al final se termina apreciando la épica de un trabajo en el que la advertencia más repetida es: “si lo haces bien nadie lo notará, si la cagas te lo señalarán todos”.

No tengo problema con ello, de verdad. Estoy feliz de participar como sea. Y estoy aprendiendo cosas. Una de ellas, que resulta raro para un equipo ver a un auxiliar de producción opinando acerca de un plano. Otra, que la mayor parte del tiempo es mejor tener la boca cerrada y dejar trabajar a los profesionales.

Sin embargo no es fácil y no siempre lo consigo. Asistir a la materialización del guión es un proceso apasionante pero también doloroso. De pronto, son otras personas las que toman las decisiones en una historia que hasta hace poco sólo vivía en dos cabezas. Cuesta aceptar que la historia ha pasado a otras manos, a otros ojos, pero al tiempo entiendo que es la única manera de que exista de forma completa. Y mejorada, oiga.  

Durante este último año, Jorge y yo hemos discutido hasta el límite de la amistad la justificación de cada elemento del guión. Lo suficiente para que la variación de una sola palabra de un diálogo se convierta para mí en un pequeño dolor de muelas. Por suerte para mi dentadura, esta película la dirige él y su criterio es el mismo que el mío. Nadie conoce mejor que Jorge la intención de cada frase y no es necesario que yo esté ahí para recordársela.

Una última cosa: muchos amigos me preguntan si pueden asistir al rodaje. Yo lo comprendo porque sigo viendo el mundo del cine desde su punto de vista. Entiendo la curiosidad y la necesidad de sentirse parte de este proyecto que nos resulta tan cercano a todos. Pero no es posible. En este rodaje no queda un minuto para las visitas y aquí no hay nada que ver. En serio, sólo un grupo de gente fumándose hasta los dedos, concentrados en su trabajo y obsesionados con cumplir con el plan de rodaje.

Creedme, la magia del cine está en el cine. Allí nos vemos.


Tercera semana

Cuando ruedas una película en una localización (casi) única, te asaltan dudas sobre cómo debes plantear una escena en un espacio que ya ha sido presentado y utilizado antes en la historia. Eso ha ocurrido esta semana: por la estructura circular del relato, hemos rodado secuencias que parecía que ya habíamos rodado antes. Mi duda era si repetir milimétricamente los planos para subrayar los paralelismos o buscar el interés de cada escena y planificarla con ese enfoque. He optado por lo segundo.

El lunes fue el último día de Chape antes de afeitarse y cortarse el pelo para el resto del rodaje. La jornada se complicó más de lo previsto y hubo que sacrificar un par de planos, ninguno de ellos, por suerte, fundamental para la historia. El cambio de aspecto físico conlleva además un cambio de actitud, así que para Chape es casi una película nueva. Y en esa película tiene mucho que decir el personaje de Sara, interpretado por Ángela Villar.

El jueves volvimos al supermercado de la semana anterior y completamos la única escena en la que coinciden los tres personajes principales. El viernes rodamos una partida de ping-pong de ¡seis páginas de guión!, que será la pesadilla recurrente de Cristina, la montadora, de aquí a finales de año. El sábado trajimos media docena de peces que no actuaron tan brillantemente como yo hubiera querido, pero cumplieron su función. Al acabar la jornada devoramos una barbacoa promovida por Lício, nuestro técnico de sonido, en la que todos acabamos en la piscina, voluntariamente o no.

Con el formato panorámico, a menudo comprendo que no necesito un plano corto para resolver según qué escena: me gusta que sea el ojo del espectador el que tenga que buscar el interés del momento por la pantalla, como hago yo en el monitor. Pero existe el peligro de que se te escapen cosas en un plano: un auxiliar de cámara reflejado en un cristal, un micro que entra un instante y desaparece, un atrezzo de otra secuencia olvidado en el lugar equivocado… El 2.35 es una apuesta que tiene sus riesgos; personalmente, creo que el resultado los vale.

De momento, la climatología nos ha respetado (las dos tormentas gordas del verano han ocurrido en noches de domingo que no rodábamos), pero las temperaturas empiezan a descender y, para la próxima semana, la primera de septiembre, se anuncian algunos chubascos. Dado lo apretado de nuestro plan de rodaje, tenemos poco margen de error. Pero no estoy preocupado. En palabras de Mel Gibson, en el libro La mirada del director: “Las presiones económicas o de tiempo te obligan a tomar decisiones frenéticas y haces cosas totalmente increíbles, como rodar bajo la lluvia; y de pronto queda maravilloso. Eso lo aprendí de George Miller: rueda pase lo que pase”. Y además, que conste que www.eltiempo.es no siempre acierta.

Una última observación: me paso el día hablando, explicándome, contestando preguntas, azuzando, gritando “¡acción!” y “¡corta!”; y el resultado es que empieza a asquearme el sonido de mi propia voz. Lo que más disfruto del domingo es estar doce horas callado. Este trabajo es de locos.

(Fotos: Elena Morgado)


Segunda semana

Hemos llegado al ecuador del rodaje con (casi) la mitad de la película completada. Qué sensación esta, qué extraña la percepción del tiempo: sin papeles delante no sabría decir cuánto llevamos aquí rodando y, sin embargo, va tan deprisa como una montaña rusa.

La semana ha sido dura porque el fin de semana previo no hubo tiempo para recuperarnos del cansancio de la primera, y porque las jornadas nocturnas agotan y descolocan siempre. El cambio de horarios y el calor me han hecho dormir peor estos días, y sé que no he sido el único. Sin embargo, en esas tres primeras noches hemos rodado planos magníficos. Nos hemos esforzado por no soliviantar a los vecinos de las casas contiguas con nuestro ruido durante esas noches, pues sabemos que tarde o temprano tendremos que pedirles favores del tipo “¿le importaría no cortar el césped mientras rodamos?” o “¿nos haría el favor de cambiar su coche de sitio?”, y no queremos que, llegado el caso, nos manden a tomar por culo.

En esas noches ha habido que apagar más de una vez el riego automático, lo que anula el ciclo completo para el resto del día, de manera que parte del césped ha virado ligeramente al amarillo. Nada grave, pero el raccord siempre es una preocupación cuando estás haciendo una película. La depuradora de la piscina o la nevera también se apagan a veces durante una toma por sonido y, si en la vorágine del rodaje olvidas volver a conectar alguna de ellas, las consecuencias pueden ser nefastas a medio plazo.

Además, ha habido problemas con el agua caliente, quizá porque los cortes de luz de los primeros días afectaron a la caldera. Por nuestros horarios, no he conseguido que viniera un técnico a revisarla hasta el viernes, así que me he dado duchas frías durante prácticamente toda la semana. Entre eso y el estrés, tengo la libido bien aparcada. Para colmo, todas las lavanderías de Boadilla parecen estar cerradas por vacaciones. Tengo que hacer la colada de alguna forma durante la próxima semana o corro el peligro de acabar repitiendo calzoncillos usados, lo que siempre mina un poco tu autoestima como director.

El jueves rodamos en la única localización ajena a la casa, un supermercado. El auxiliar de producción Raúl Azofra y la script Lourdes Navarro interpretaron a un reponedor y a una cajera. Sería exagerado decir que robaron sus escenas, pero sí estuvieron a la altura de ellas y a mí, personalmente, me arrancaron una sonrisa. Gracias a ambos. Volveremos al súper para rodar otra secuencia en algún momento de las dos próximas semanas. Entre los clientes que tuvieron que esperar por nuestro rodaje se encontraba Melendi, que se ha puesto demasiado cachas: no sé por qué les ha dado últimamente a todos los baladistas por el body-building, pero yo prefiero al Bustamante trofollo.

No he hablado todavía del tubelling, nuestra versión low-cost del travelling de toda la vida. Consiste en dos tubos de PVC (de plástico, vamos) de tres metros de longitud, sobre los que se coloca un tablón de madera con pequeñas ruedas acopladas. Su aspecto resulta cómico, pero el resultado es genial. Nuestro operador Curro Tardío refunfuña por las limitaciones del invento, aunque al final admite que los planos que logramos con él son casi siempre estupendos. Claro que no lo haríamos sin el buen pulso de Curro con la cámara, todo hay que decirlo.

La de mañana lunes será una jornada intensa, pues tenemos que rematar varias secuencias con Chape antes de que cambie su aspecto físico para el resto del rodaje. Por suerte, la semana que empieza volvemos a tener un horario diurno estable, lo que siempre resulta más llevadero. Y por mi parte, encuentro fascinante pensar que dentro de dos semanas habremos completado el rodaje de Otro verano.

(Fotos: Elena Morgado)


Primera semana

Hay dos clases de directores de cine: los que encuentran tiempo a diario durante el rodaje para actualizar un blog, y los que no. Yo, claramente, soy de los segundos.

Hemos completado la primera semana de rodaje de Otro verano. Eso significa que tenemos el 25% de la película enlatada, o mejor dicho, en el disco duro. Respecto a esto, he apreciado una pequeña ironía: cuando se rueda en celuloide, la producción siempre está preocupada por el consumo de negativo. En alta definición no existe ese problema pero, por las características de nuestra microproducción, hay que estar vigilantes con el espacio de almacenaje de datos. Todo cambia para seguir igual…

El espacio físico ha sido, también, otra de las preocupaciones de esta semana. Hemos invadido la localización buscando huecos en la casa para maquillaje, vestuario, cámara, iluminación, decoración, sonido, producción e incluso montaje. Milagrosamente, los hemos encontrado. El catering se sirve en la parte sin césped del jardín, a la sombra de los árboles; el desayuno y el bocadillo lo tomamos en la misma cocina de la casa. El agua y las bebidas los cogemos directamente de la nevera de esta.

Esta semana han debutado los tres actores principales, Pablo Chiapella, Verónica Perona y Ángela Villar. De los tres, Chape es el único que viene todos los días, disfrutando visiblemente con su cambio de registro (y aspecto físico) con respecto a La que se avecina. Hemos tenido también la visita de Enrique Urbizu para interpretar el papel de un inquietante jardinero. Este era el debut de Enrique en la interpretación, que ha bordado; y sabiendo de su timidez, le agradezco doblemente que aceptara.

Problemas que hemos sufrido esta semana: Agus, jefe de producción, no pudo venir el primer día por un esguince de tobillo, lo que obligó a Carlos, ayudante de dirección, a ser ubicuo en el rodaje, lo que casi acaba con él; el cuadro de luces de la casa, poco preparado para la potencia de nuestros focos, saltó a menudo durante los primeros días; Chape sufrió una amigdalitis aguda que nos empujó a cambiar a última hora las secuencias del viernes por otras con menos diálogo, hasta que los antibióticos hicieran efecto en su garganta; y cómo no, el clásico de la historia del audiovisual: el sol se mueve y, tarde o temprano, acaba por ponerse.

Atribuimos los ruidosos helicópteros que cruzan el espacio aéreo e interrumpen nuestras tomas a la próxima visita del Papa. En realidad, culpamos al Papa de todo lo malo que nos pasa.

En cuanto a mí, estoy durmiendo bien en general, ayudado por las pastillas Dormax, que huelen fatal y en realidad no sirven para nada, pero tienen un efecto placebo en mi cerebro. Como he dicho, vivo en la casa de la película y duermo en la cama del protagonista. Es un momento extraño el final de cada día, cuando todo el equipo se marcha y me quedo solo aquí, al anochecer. Resulta una forma estupenda de entender lo que siente el prota y de encontrar imágenes que incorporar a nuestra película, pero a la vez puede resultar algo enloquecedor: ¡llevo una semana sin salir de esta casa! Anoche volví a enchufar la televisión (que los chicos de arte habían retirado del salón por exigencias del guión) porque mi cerebro necesitaba un poco de papilla audiovisual para desconectar de Otro verano.

Como productor ejecutivo de una película tan bizarramente minúscula, sufro por cómo repercuten nuestras carencias en el día a día del equipo. Pero todos lo han tomado con humor y hacen el mejor trabajo posible con estos medios, lo que les agradezco de corazón. Como director, tengo poco margen de error: nunca nos sobra tiempo para hacer un plano que no sepa a ciencia cierta que voy a montar. Sin embargo, con el formato panorámico a menudo descubro que lo que pensaba contar en tres planos se puede hacer en uno. Y ese plano suele tener un aspecto impecable gracias a la fotografía de Jorge (o al menos esa es la impresión ¿ecuánime? de Cris, la montadora, que se incorporó al trabajo el jueves).

Este será un fin de semana corto, pues empezamos a las 00:00 h. del lunes, es decir, esta misma noche. Durante las tres próximas jornadas rodamos de noche; el miércoles descansamos para volver a cambiar a día a partir del jueves. Me he prometido a mí mismo que ese miércoles saldré unas horas de la casa para ir al pueblo cercano, a ver la peli más idiota que pueda encontrar en los cines. Pero hoy me dedicaré a pensar en las próximas secuencias que tenemos que rodar: no quiero bajar la guardia porque la primera película solo la haces una vez en la vida, y la tienes que disfrutar. Es una obviedad, sí, pero conviene recordártela a ti mismo de vez en cuando.

(Fotos: Elena Morgado)


La suerte está echada

Se acabó la espera. Mañana a las diez de la mañana comienza el rodaje de Otro verano.

Ha sido un domingo de actividad frenética, en el que varios departamentos han ultimado detalles en la localización. Después de un trajín de horas, me he quedado solo por fin, y el silencio resulta casi perturbador. Por cierto, yo viviré en la localización durante las próximas cuatro semanas, así que mi inmersión en la experiencia de hacer esta película será total.

Noé y Arturo, los directores artísticos, a los que aún no he presentado adecuadamente en este blog, han hecho un trabajo estupendo reordenando con sentido aquellos elementos de la casa que ya estaban en el guión, y añadiendo otros de su cosecha. Y en un tiempo récord. Gracias, chicos.

Lício, jefe de sonido, ha llegado de Barcelona lleno de ideas para las atmósferas sonoras de la película. Jorge, dire de foto, ha afinado los equipos para que lo que veamos en el monitor a partir de mañana se parezca lo más posible a la imagen real de la cámara. Y menuda pinta tiene. Carlos, ayudante de dirección, ha tenido que trabajar el doble por el esguince leve que ha sufrido Agus, nuestro director de producción, a quien le llevan los demonios por no poder asistir mañana al primer día de rodaje.

Todo el mundo está haciendo un gran trabajo.

Me siento afortunado y agradecido de contar con todos ellos y unos cuantos más. Nuestra producción es paupérrima, pero tenemos lo que necesitamos para contar esta historia. Así que, mierda, no hay excusa para no aspirar a la grandeza.

Son las doce. Me voy a la cama a intentar dormir un rato.


“¿Estás nervioso?”

Faltan ocho días para empezar a rodar. Mis responsabilidades como director y productor me tienen ya trabajando doce horas al día, siete días por semana; de hecho, escribo estas líneas a las tres de la tarde del domingo desde la oficina donde preparamos la película. Pero no me estoy quejando: sarna con gusto no pica.

La pregunta más repetida estos días por familiares y amigos es: “¿Estás nervioso?”.

Si los tengo delante, puedo ver el esbozo de media sonrisa cuando me la hacen, y también su gesto de decepción cuando les respondo que no. Lo que sí me pone nervioso es que la gente me pregunte una y otra vez si estoy nervioso. ¿Debería estarlo?

Yo creo que no. Tengo un guión en el que confío. Un reparto y equipo técnico motivado y con ganas de demostrar cosas. Un plan de rodaje apretado, pero realista. Una cámara estupenda. Una localización agradecida. Tenemos todo lo necesario para hacer una buena película.

Estoy excitado. Estoy emocionado. Pero no, no estoy nervioso.


Tenemos cámara

Thompson Viper Filmstream, la Viper para los amigos, es la cámara con la que rodaremos Otro verano.

Con esta cámara de alta definición se han rodado películas como Collateral, Corrupción en Miami, Zodiac o El curioso caso de Benjamin Button. Si Michael Mann y David Fincher la han probado y han repetido, demonios, a mí también me sirve.

Contar con ella para nuestro proyecto ha sido posible gracias a la generosidad de Gábor Bene, de la empresa Rodosto (www.rodosto-hd.com), que nos ha ofrecido unas condiciones muy ventajosas. Gracias, Gábor.


Faltan tres semanas

El lunes 8 de agosto comienza el rodaje de Otro verano, que se prolongará durante cuatro semanas hasta el sábado 3 de septiembre. Así que faltan tres semanas, veintiún días, para el primer golpe de claqueta.

Mañana viajo a Barcelona con Jorge Carrión (director de fotografía) y Curro Tardío (operador) para probar la cámara que ellos consideran más adecuada para esta película. Ya os iré contando.

Esto va cogiendo velocidad, y me gusta que así sea.


Lício Marcos se encargará del sonido

El inimitable técnico brasileño Lício Marcos de Oliveira registrará el sonido directo de Otro verano.

Lício y yo nos conocimos en 1998 en el rodaje de El hermano pequeño, una tv-movie que fue el primer trabajo de ambos con Enrique Urbizu. Volvimos a coincidir en La caja 507 y La vida mancha, ambas de Urbizu, por las que Lício fue nominado a sendos premios Goya.

La historia de Otro verano requiere una atmósfera sonora que haga los silencios tanto o más interesantes que los diálogos. Con Lício está garantizado que se captará de forma exquisita. Es un privilegio contar con él.


Raúl Galván compondrá la banda sonora

Raúl Carrero Galván escribirá la partitura de Otro verano. Raúl es el cantante y compositor principal del grupo de pop-rock Los Galván, además de propietario del estudio de grabación Tiramillas, en Alcázar de San Juan. En ambas aventuras le acompaña su hermano Gelu, quien a buen seguro contribuirá significativamente a la grabación de la banda sonora.

Raúl Galván lleva más de la mitad de su vida en la música, literalmente: publicó un disco con su primer grupo La Calle ¡cuando aún estábamos en el colegio! La siguiente fotografía es un documento impagable:

El músico (primero por la izquierda), el guionista (detrás de Espinete) y el director (soplando velas) de Otro verano, alrededor de 1987-88 en Albacete. ¿Por qué habremos esperado tanto para hacerla?