Tercera semana

Cuando ruedas una película en una localización (casi) única, te asaltan dudas sobre cómo debes plantear una escena en un espacio que ya ha sido presentado y utilizado antes en la historia. Eso ha ocurrido esta semana: por la estructura circular del relato, hemos rodado secuencias que parecía que ya habíamos rodado antes. Mi duda era si repetir milimétricamente los planos para subrayar los paralelismos o buscar el interés de cada escena y planificarla con ese enfoque. He optado por lo segundo.

El lunes fue el último día de Chape antes de afeitarse y cortarse el pelo para el resto del rodaje. La jornada se complicó más de lo previsto y hubo que sacrificar un par de planos, ninguno de ellos, por suerte, fundamental para la historia. El cambio de aspecto físico conlleva además un cambio de actitud, así que para Chape es casi una película nueva. Y en esa película tiene mucho que decir el personaje de Sara, interpretado por Ángela Villar.

El jueves volvimos al supermercado de la semana anterior y completamos la única escena en la que coinciden los tres personajes principales. El viernes rodamos una partida de ping-pong de ¡seis páginas de guión!, que será la pesadilla recurrente de Cristina, la montadora, de aquí a finales de año. El sábado trajimos media docena de peces que no actuaron tan brillantemente como yo hubiera querido, pero cumplieron su función. Al acabar la jornada devoramos una barbacoa promovida por Lício, nuestro técnico de sonido, en la que todos acabamos en la piscina, voluntariamente o no.

Con el formato panorámico, a menudo comprendo que no necesito un plano corto para resolver según qué escena: me gusta que sea el ojo del espectador el que tenga que buscar el interés del momento por la pantalla, como hago yo en el monitor. Pero existe el peligro de que se te escapen cosas en un plano: un auxiliar de cámara reflejado en un cristal, un micro que entra un instante y desaparece, un atrezzo de otra secuencia olvidado en el lugar equivocado… El 2.35 es una apuesta que tiene sus riesgos; personalmente, creo que el resultado los vale.

De momento, la climatología nos ha respetado (las dos tormentas gordas del verano han ocurrido en noches de domingo que no rodábamos), pero las temperaturas empiezan a descender y, para la próxima semana, la primera de septiembre, se anuncian algunos chubascos. Dado lo apretado de nuestro plan de rodaje, tenemos poco margen de error. Pero no estoy preocupado. En palabras de Mel Gibson, en el libro La mirada del director: “Las presiones económicas o de tiempo te obligan a tomar decisiones frenéticas y haces cosas totalmente increíbles, como rodar bajo la lluvia; y de pronto queda maravilloso. Eso lo aprendí de George Miller: rueda pase lo que pase”. Y además, que conste que www.eltiempo.es no siempre acierta.

Una última observación: me paso el día hablando, explicándome, contestando preguntas, azuzando, gritando “¡acción!” y “¡corta!”; y el resultado es que empieza a asquearme el sonido de mi propia voz. Lo que más disfruto del domingo es estar doce horas callado. Este trabajo es de locos.

(Fotos: Elena Morgado)

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2 comentarios

  1. Álvaro

    Ánimo Jorge! Disfruta de la experiencia 😉

    28 agosto, 2011 en 19:27

  2. alexruizar

    Lo vuelvo a repetir.. Me ENCANTA como escribes/expresas tu vivencia!!!!
    Suerte y animo que ya queda poquitoooo..

    28 agosto, 2011 en 19:45

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