Archivo para agosto, 2011

El rodaje visto por el guionista

Por Juan Manuel Cuerda

Me pide Jorge que escriba mis impresiones del rodaje de Otro Verano desde mi triple condición de guionista, auxiliar de producción y de neófito. Podría haberse ahorrado palabras, con la parte del novato es suficiente.

Trabajo en esta película a media jornada, por las mañanas soy ingeniero y por las tardes, auxiliar de producción. Las consecuencias inmediatas de esto es que me pierdo la mitad de la película y, a veces, el origen de los problemas con los que toca lidiar. A cambio puedo mantener un punto de vista más objetivo. Aprender a vivir entre mundos resulta recomendable, casi obligatorio, si uno aspira a contar buenas historias de modo que agradezco pasar las jornadas entre grupos bastante heterogéneos, diferentes pero con algo en común: ni los unos ni los otros entienden muy bien qué es lo que hago durante la otra mitad del día.

El de producción es el único departamento no artístico del rodaje y en éste, no sé si en todos, auxiliar de producción es un eufemismo eficaz que moderniza la figura del chico de los recados. Encuentro difícil imaginar a alguien con una genuina vocación de auxiliar de producción, pero eso no es raro: es como pensar en alguien con vocación de chófer, reponedor y empleado del hogar, todo a la vez. Puede ser cansado, aburrido y estar poco valorado, y a veces se pasa más tiempo en la carretera que en el set; pero conforme avanza el rodaje y las dinámicas se van asentando, uno se descubre felicitándose por lo bueno que ha salido el salchichón que estaba en oferta o lo hábil que ha sido apilando las botellas de agua. ¿Síndrome de Estocolmo? Al final se termina apreciando la épica de un trabajo en el que la advertencia más repetida es: “si lo haces bien nadie lo notará, si la cagas te lo señalarán todos”.

No tengo problema con ello, de verdad. Estoy feliz de participar como sea. Y estoy aprendiendo cosas. Una de ellas, que resulta raro para un equipo ver a un auxiliar de producción opinando acerca de un plano. Otra, que la mayor parte del tiempo es mejor tener la boca cerrada y dejar trabajar a los profesionales.

Sin embargo no es fácil y no siempre lo consigo. Asistir a la materialización del guión es un proceso apasionante pero también doloroso. De pronto, son otras personas las que toman las decisiones en una historia que hasta hace poco sólo vivía en dos cabezas. Cuesta aceptar que la historia ha pasado a otras manos, a otros ojos, pero al tiempo entiendo que es la única manera de que exista de forma completa. Y mejorada, oiga.  

Durante este último año, Jorge y yo hemos discutido hasta el límite de la amistad la justificación de cada elemento del guión. Lo suficiente para que la variación de una sola palabra de un diálogo se convierta para mí en un pequeño dolor de muelas. Por suerte para mi dentadura, esta película la dirige él y su criterio es el mismo que el mío. Nadie conoce mejor que Jorge la intención de cada frase y no es necesario que yo esté ahí para recordársela.

Una última cosa: muchos amigos me preguntan si pueden asistir al rodaje. Yo lo comprendo porque sigo viendo el mundo del cine desde su punto de vista. Entiendo la curiosidad y la necesidad de sentirse parte de este proyecto que nos resulta tan cercano a todos. Pero no es posible. En este rodaje no queda un minuto para las visitas y aquí no hay nada que ver. En serio, sólo un grupo de gente fumándose hasta los dedos, concentrados en su trabajo y obsesionados con cumplir con el plan de rodaje.

Creedme, la magia del cine está en el cine. Allí nos vemos.

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Tercera semana

Cuando ruedas una película en una localización (casi) única, te asaltan dudas sobre cómo debes plantear una escena en un espacio que ya ha sido presentado y utilizado antes en la historia. Eso ha ocurrido esta semana: por la estructura circular del relato, hemos rodado secuencias que parecía que ya habíamos rodado antes. Mi duda era si repetir milimétricamente los planos para subrayar los paralelismos o buscar el interés de cada escena y planificarla con ese enfoque. He optado por lo segundo.

El lunes fue el último día de Chape antes de afeitarse y cortarse el pelo para el resto del rodaje. La jornada se complicó más de lo previsto y hubo que sacrificar un par de planos, ninguno de ellos, por suerte, fundamental para la historia. El cambio de aspecto físico conlleva además un cambio de actitud, así que para Chape es casi una película nueva. Y en esa película tiene mucho que decir el personaje de Sara, interpretado por Ángela Villar.

El jueves volvimos al supermercado de la semana anterior y completamos la única escena en la que coinciden los tres personajes principales. El viernes rodamos una partida de ping-pong de ¡seis páginas de guión!, que será la pesadilla recurrente de Cristina, la montadora, de aquí a finales de año. El sábado trajimos media docena de peces que no actuaron tan brillantemente como yo hubiera querido, pero cumplieron su función. Al acabar la jornada devoramos una barbacoa promovida por Lício, nuestro técnico de sonido, en la que todos acabamos en la piscina, voluntariamente o no.

Con el formato panorámico, a menudo comprendo que no necesito un plano corto para resolver según qué escena: me gusta que sea el ojo del espectador el que tenga que buscar el interés del momento por la pantalla, como hago yo en el monitor. Pero existe el peligro de que se te escapen cosas en un plano: un auxiliar de cámara reflejado en un cristal, un micro que entra un instante y desaparece, un atrezzo de otra secuencia olvidado en el lugar equivocado… El 2.35 es una apuesta que tiene sus riesgos; personalmente, creo que el resultado los vale.

De momento, la climatología nos ha respetado (las dos tormentas gordas del verano han ocurrido en noches de domingo que no rodábamos), pero las temperaturas empiezan a descender y, para la próxima semana, la primera de septiembre, se anuncian algunos chubascos. Dado lo apretado de nuestro plan de rodaje, tenemos poco margen de error. Pero no estoy preocupado. En palabras de Mel Gibson, en el libro La mirada del director: “Las presiones económicas o de tiempo te obligan a tomar decisiones frenéticas y haces cosas totalmente increíbles, como rodar bajo la lluvia; y de pronto queda maravilloso. Eso lo aprendí de George Miller: rueda pase lo que pase”. Y además, que conste que www.eltiempo.es no siempre acierta.

Una última observación: me paso el día hablando, explicándome, contestando preguntas, azuzando, gritando “¡acción!” y “¡corta!”; y el resultado es que empieza a asquearme el sonido de mi propia voz. Lo que más disfruto del domingo es estar doce horas callado. Este trabajo es de locos.

(Fotos: Elena Morgado)


Segunda semana

Hemos llegado al ecuador del rodaje con (casi) la mitad de la película completada. Qué sensación esta, qué extraña la percepción del tiempo: sin papeles delante no sabría decir cuánto llevamos aquí rodando y, sin embargo, va tan deprisa como una montaña rusa.

La semana ha sido dura porque el fin de semana previo no hubo tiempo para recuperarnos del cansancio de la primera, y porque las jornadas nocturnas agotan y descolocan siempre. El cambio de horarios y el calor me han hecho dormir peor estos días, y sé que no he sido el único. Sin embargo, en esas tres primeras noches hemos rodado planos magníficos. Nos hemos esforzado por no soliviantar a los vecinos de las casas contiguas con nuestro ruido durante esas noches, pues sabemos que tarde o temprano tendremos que pedirles favores del tipo “¿le importaría no cortar el césped mientras rodamos?” o “¿nos haría el favor de cambiar su coche de sitio?”, y no queremos que, llegado el caso, nos manden a tomar por culo.

En esas noches ha habido que apagar más de una vez el riego automático, lo que anula el ciclo completo para el resto del día, de manera que parte del césped ha virado ligeramente al amarillo. Nada grave, pero el raccord siempre es una preocupación cuando estás haciendo una película. La depuradora de la piscina o la nevera también se apagan a veces durante una toma por sonido y, si en la vorágine del rodaje olvidas volver a conectar alguna de ellas, las consecuencias pueden ser nefastas a medio plazo.

Además, ha habido problemas con el agua caliente, quizá porque los cortes de luz de los primeros días afectaron a la caldera. Por nuestros horarios, no he conseguido que viniera un técnico a revisarla hasta el viernes, así que me he dado duchas frías durante prácticamente toda la semana. Entre eso y el estrés, tengo la libido bien aparcada. Para colmo, todas las lavanderías de Boadilla parecen estar cerradas por vacaciones. Tengo que hacer la colada de alguna forma durante la próxima semana o corro el peligro de acabar repitiendo calzoncillos usados, lo que siempre mina un poco tu autoestima como director.

El jueves rodamos en la única localización ajena a la casa, un supermercado. El auxiliar de producción Raúl Azofra y la script Lourdes Navarro interpretaron a un reponedor y a una cajera. Sería exagerado decir que robaron sus escenas, pero sí estuvieron a la altura de ellas y a mí, personalmente, me arrancaron una sonrisa. Gracias a ambos. Volveremos al súper para rodar otra secuencia en algún momento de las dos próximas semanas. Entre los clientes que tuvieron que esperar por nuestro rodaje se encontraba Melendi, que se ha puesto demasiado cachas: no sé por qué les ha dado últimamente a todos los baladistas por el body-building, pero yo prefiero al Bustamante trofollo.

No he hablado todavía del tubelling, nuestra versión low-cost del travelling de toda la vida. Consiste en dos tubos de PVC (de plástico, vamos) de tres metros de longitud, sobre los que se coloca un tablón de madera con pequeñas ruedas acopladas. Su aspecto resulta cómico, pero el resultado es genial. Nuestro operador Curro Tardío refunfuña por las limitaciones del invento, aunque al final admite que los planos que logramos con él son casi siempre estupendos. Claro que no lo haríamos sin el buen pulso de Curro con la cámara, todo hay que decirlo.

La de mañana lunes será una jornada intensa, pues tenemos que rematar varias secuencias con Chape antes de que cambie su aspecto físico para el resto del rodaje. Por suerte, la semana que empieza volvemos a tener un horario diurno estable, lo que siempre resulta más llevadero. Y por mi parte, encuentro fascinante pensar que dentro de dos semanas habremos completado el rodaje de Otro verano.

(Fotos: Elena Morgado)


Primera semana

Hay dos clases de directores de cine: los que encuentran tiempo a diario durante el rodaje para actualizar un blog, y los que no. Yo, claramente, soy de los segundos.

Hemos completado la primera semana de rodaje de Otro verano. Eso significa que tenemos el 25% de la película enlatada, o mejor dicho, en el disco duro. Respecto a esto, he apreciado una pequeña ironía: cuando se rueda en celuloide, la producción siempre está preocupada por el consumo de negativo. En alta definición no existe ese problema pero, por las características de nuestra microproducción, hay que estar vigilantes con el espacio de almacenaje de datos. Todo cambia para seguir igual…

El espacio físico ha sido, también, otra de las preocupaciones de esta semana. Hemos invadido la localización buscando huecos en la casa para maquillaje, vestuario, cámara, iluminación, decoración, sonido, producción e incluso montaje. Milagrosamente, los hemos encontrado. El catering se sirve en la parte sin césped del jardín, a la sombra de los árboles; el desayuno y el bocadillo lo tomamos en la misma cocina de la casa. El agua y las bebidas los cogemos directamente de la nevera de esta.

Esta semana han debutado los tres actores principales, Pablo Chiapella, Verónica Perona y Ángela Villar. De los tres, Chape es el único que viene todos los días, disfrutando visiblemente con su cambio de registro (y aspecto físico) con respecto a La que se avecina. Hemos tenido también la visita de Enrique Urbizu para interpretar el papel de un inquietante jardinero. Este era el debut de Enrique en la interpretación, que ha bordado; y sabiendo de su timidez, le agradezco doblemente que aceptara.

Problemas que hemos sufrido esta semana: Agus, jefe de producción, no pudo venir el primer día por un esguince de tobillo, lo que obligó a Carlos, ayudante de dirección, a ser ubicuo en el rodaje, lo que casi acaba con él; el cuadro de luces de la casa, poco preparado para la potencia de nuestros focos, saltó a menudo durante los primeros días; Chape sufrió una amigdalitis aguda que nos empujó a cambiar a última hora las secuencias del viernes por otras con menos diálogo, hasta que los antibióticos hicieran efecto en su garganta; y cómo no, el clásico de la historia del audiovisual: el sol se mueve y, tarde o temprano, acaba por ponerse.

Atribuimos los ruidosos helicópteros que cruzan el espacio aéreo e interrumpen nuestras tomas a la próxima visita del Papa. En realidad, culpamos al Papa de todo lo malo que nos pasa.

En cuanto a mí, estoy durmiendo bien en general, ayudado por las pastillas Dormax, que huelen fatal y en realidad no sirven para nada, pero tienen un efecto placebo en mi cerebro. Como he dicho, vivo en la casa de la película y duermo en la cama del protagonista. Es un momento extraño el final de cada día, cuando todo el equipo se marcha y me quedo solo aquí, al anochecer. Resulta una forma estupenda de entender lo que siente el prota y de encontrar imágenes que incorporar a nuestra película, pero a la vez puede resultar algo enloquecedor: ¡llevo una semana sin salir de esta casa! Anoche volví a enchufar la televisión (que los chicos de arte habían retirado del salón por exigencias del guión) porque mi cerebro necesitaba un poco de papilla audiovisual para desconectar de Otro verano.

Como productor ejecutivo de una película tan bizarramente minúscula, sufro por cómo repercuten nuestras carencias en el día a día del equipo. Pero todos lo han tomado con humor y hacen el mejor trabajo posible con estos medios, lo que les agradezco de corazón. Como director, tengo poco margen de error: nunca nos sobra tiempo para hacer un plano que no sepa a ciencia cierta que voy a montar. Sin embargo, con el formato panorámico a menudo descubro que lo que pensaba contar en tres planos se puede hacer en uno. Y ese plano suele tener un aspecto impecable gracias a la fotografía de Jorge (o al menos esa es la impresión ¿ecuánime? de Cris, la montadora, que se incorporó al trabajo el jueves).

Este será un fin de semana corto, pues empezamos a las 00:00 h. del lunes, es decir, esta misma noche. Durante las tres próximas jornadas rodamos de noche; el miércoles descansamos para volver a cambiar a día a partir del jueves. Me he prometido a mí mismo que ese miércoles saldré unas horas de la casa para ir al pueblo cercano, a ver la peli más idiota que pueda encontrar en los cines. Pero hoy me dedicaré a pensar en las próximas secuencias que tenemos que rodar: no quiero bajar la guardia porque la primera película solo la haces una vez en la vida, y la tienes que disfrutar. Es una obviedad, sí, pero conviene recordártela a ti mismo de vez en cuando.

(Fotos: Elena Morgado)


La suerte está echada

Se acabó la espera. Mañana a las diez de la mañana comienza el rodaje de Otro verano.

Ha sido un domingo de actividad frenética, en el que varios departamentos han ultimado detalles en la localización. Después de un trajín de horas, me he quedado solo por fin, y el silencio resulta casi perturbador. Por cierto, yo viviré en la localización durante las próximas cuatro semanas, así que mi inmersión en la experiencia de hacer esta película será total.

Noé y Arturo, los directores artísticos, a los que aún no he presentado adecuadamente en este blog, han hecho un trabajo estupendo reordenando con sentido aquellos elementos de la casa que ya estaban en el guión, y añadiendo otros de su cosecha. Y en un tiempo récord. Gracias, chicos.

Lício, jefe de sonido, ha llegado de Barcelona lleno de ideas para las atmósferas sonoras de la película. Jorge, dire de foto, ha afinado los equipos para que lo que veamos en el monitor a partir de mañana se parezca lo más posible a la imagen real de la cámara. Y menuda pinta tiene. Carlos, ayudante de dirección, ha tenido que trabajar el doble por el esguince leve que ha sufrido Agus, nuestro director de producción, a quien le llevan los demonios por no poder asistir mañana al primer día de rodaje.

Todo el mundo está haciendo un gran trabajo.

Me siento afortunado y agradecido de contar con todos ellos y unos cuantos más. Nuestra producción es paupérrima, pero tenemos lo que necesitamos para contar esta historia. Así que, mierda, no hay excusa para no aspirar a la grandeza.

Son las doce. Me voy a la cama a intentar dormir un rato.